
La visita del Papa ha supuesto un revulsivo ético, en la degradada política nacional. Y moral, ante el desnorte ideológico de la sociedad, española y global, que se está acostumbrando a considerar a la persona más que como ser humano, en su dignidad, como ente económico y uno de los factores de producción; y el más prescindible. La maestría moral de Roberto Prevost por años de servicio misionero en defensa de la dignidad de la persona, en las provincias andinas frente a las explotaciones mineras, está por encima de su encomienda como Papa.
Con una visión histórica evidente, ahí está la oportunidad y la talla intelectual que aporta Magnifica Humanitas, y la profundidad de los discursos que ha pronunciado en esta visita, apostólica porque es jefe de la Iglesia Católica, es, también, referente moral en este contexto internacional de dictado del más fuerte. La voz del Prevost surge como manantial de frescura y de sosiego.
Frente a ese Trump que se erige como monarca absoluto, León XIV intenta recuperar el espacio de antaño, de actor internacional preferente, como conciencia ética más que moral, a favor de las minorías desfavorecidas que, hoy, no solo son los pobres de la tierra, expresión de los desamparados del siglo XIX, sino también las clases sociales intermedias y las naciones que son obligadas a someterse a los nuevos señores que, más que naciones superpotencias, son las oligarquías tecnológicas.
La visita a España, ha sido la primera a un país grande y, tradicionalmente, de influencia moral en la historia. Y ahí está la referencia que hizo el Papa ante las Cortes del dominico Francisco de Vitoria, la Escuela de Salamanca y las Leyes de Indias que tuvieron su primera andadura en las Leyes de Burgos de 1512, consideradas precursoras del Derecho Internacional.
El respeto al derecho internacional y la paz como máximo valor de la convivencia han sido vindicados por el Papa y, en esto, está en la misma postura política que el presidente Sánchez, y contra las posiciones de Vox y del PP que no tienen otra forma de salir airosos ante su, teórico, ideólogo de cabecera de acudir a la frase: que una cosa es la teoría y otra la práctica, como manifestara el jefe de Vox. León XIV ya salió al paso, de esa falacia perversa, refiriéndose a la migración “nadie puede adorar al Señor y despreciar al hermano” Ahí, el Papa, está con la regularización que ha impulsado el presidente de gobierno y en contra de la derecha nacional que la combate con argumentos xenófobos de lo más rancio del racismo.
León XIV va camino de recentrar la Iglesia Católica como referente internacional. De luz de la moral, como líder religioso, y de faro ético y de convivencia, para las naciones y los principios democráticos nacidos de la Ilustración que formaron las naciones modernas. Si en el siglo XIX los desafíos era la conquista de las libertades y los derechos del individuo hoy, se trata de ir un paso más allá, y corregir los desmanes de la economía neoliberal, y del libertinaje económico, y propone conquista de la libertad y los derechos de la persona en su dignidad ser humano. “El bien común es la forma social de la dignidad humana” esa frase merecería un frontispicio.
La visita del Papa León XIV a España, el primer estado europeo que visita como Papa, ha supuesto, por la profundidad de sus discursos y el poco disimulo en poner en valor la historia humanista del liderazgo español en la edad moderna (la monarquía de los Reyes Católicos y los de la Casa de Austria), sugiere querer volver a una nueva alianza estratégica entre España, depositaria de valores del humanismo, y el Papado; entonces, como luz moral, y ahora, en un mundo secularizado y religiosamente diverso, como faro ético y de garantías individuales y sociales.
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