Reformar la Ley Electoral para una mayor calidad democrática

REFORMAR LA LEY ELECTORAL PARA UNA MAYOR CALIDAD DEMOCRÁTICA

El Blog que empieza pretende iniciar el debate sobre el sistema electoral y señalar líneas de mejora para un debate que se espera intenso, pero no disperso, a fin de concretar una batería de propuestas que ofrecer a la sociedad y a los políticos para instar a la mejora del sistema electoral y de su calidad democrática.

REFORMAR LA LEY ELECTORAL PARA UNA MAYOR CALIDAD DEMOCRÁTICA

El Blog que empieza pretende iniciar el debate sobre el sistema electoral y señalar líneas de mejora para un debate que se espera intenso, pero no disperso, a fin de concretar una batería de propuestas que ofrecer a la sociedad y a los políticos para instar a la mejora del sistema electoral y de su calidad democrática.

China se vislumbra como socio estratégico de España

Han sido los americanos quienes han roto las alianzas con Europa. Y hay que pensar en desengancharse de Estados Unidos aunque seamos extensión de su modelo cultural y económico desde que nos convencieron de que fueron los héroes de la Segunda Guerra mundial; aunque la verdad histórica es que sin la contribución soviética en el frente del Este, el nazismo no se hubiera debitado.

Las empresas norteamericanas reconstruyeron las economías europeas a través del plan Marshall (1947-1952) una transferencia de 150.000 millones de dólares al cambio actual, destinados a recuperar las economías de los países europeos devastados por la guerra.  Fue una propuesta inteligente para estabilizar políticamente la Europa bajo control de los aliados occidentales, no así la ocupada por la Unión Soviética, con el objetivo de asegurar un espacio económico de valores liberales, cultural y económicamente, que pudiera absorber la potente producción industrial estadounidense. Y la industria del armamento fomentada por la guerra y consolidada por las necesidades logísticas con la creación de la OTAN (1949).

En la misma estrategia de colonización económica y cultural con la fundación de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (1950), antesala de lo que luego fue la Comunidad Económica Europea, (1957) y hasta la Unión Europea de hoy. Siempre basculando entre la dependencia estadounidense y una autonomía europea que nunca se ha conseguido, en la medida en que la política norteamericana ha sabido fomentar las diferencias y la rivalidad de los países europeos por su favor inversor.

La irrupción de Trump ha precipitado el final de la etapa de la posguerra. En la doble vertiente del modelo geoestratégico mundial centrado en la superpotencia y en su relación privilegiada con Europa. La diferente percepción de Estados Unidos en relación con cada uno de los estados europeos está marcando el ritmo de aceptación de Trump, y ahí están los partidos de ultraderecha, y no solo, compitiendo por la marca europea del trumpismo, y el futuro que le espera a la Unión Europea. Entre jugar al gato y el ratón adaptando las expectativas, según el capricho del magnate de la Casa Blanca, o tomando las riendas de la situación y romper los lazos tradicionales para encarar una verdadera política a escala global.

Lo último que se ha publicado sobre la guerra comercial entre Trump y China es que se está en el acuerdo. ¿Cuánto durará? Y, aun suponiendo que lo acordado fuera duradero, ¿podemos seguir estando al albur de vaivenes coyunturales? La respuesta es no. Europa debería aprovechar ese desprecio demostrado por la política norteamericana y la desazón producida para trazar una verdadera política global alternativa. Multipolar, porque otro alineamiento centrípeto sería suicida si se quiere tener opciones de contar en el nuevo orden mundial y, también, en el aspecto defensivo.

Trump desprecia y amenaza a España si no se adapta a aportar el 5 por ciento del PIB a la OTAN. Pues bien, el gobierno Sánchez, en horas dramáticas por las casos de corrupción que le han brotado, y que ha sabido sortear hábilmente el cómputo del 5 por ciento, tiene una magnífica ocasión para recuperar credibilidad interna, defendiendo la dignidad de España y exigiendo que, ya que se habla de pagar, se devuelvan los 12.000 billones de dólares al cambio y actualizados, billones de los de aquí no como cuentan los anglosajones, que llevados en reales de a 8 (de plata) por Bernardo de Gálvez, gobernador de Lousiana española, remontando el Misisipí se entregaron a George Whasintong, para que pudiera ganar la batalla de Georgetown, que hizo posible ganar  la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica. El propio presidente Whasintong, y está documentado, afirmó que sin la ayuda española la independencia no habría sido posible.

La alternativa evidente es el acercamiento a China, no solo porque es el nuevo hegemón que marca el ritmo del futuro sino, también, porque es el único competidor que Estados Unidos teme y, ya se sabe, si se quiere ser respetado hay que ser temido.

Lo de Ucrania se va a cerrar como, lamentablemente, se venía venir desde el inicio. Es decir cediendo a Rusia los territorios conquistados y con un estatuto de neutralidad que, probablemente deberá extenderse a otros países limítrofes. Y como apuntaba en un artículo anterior, en Diario de  Mallorca (7 de junio de 2025) con grandes posibilidades de que algunos países del Este prefieran, y así nos liberan, volver a la órbita de Moscú. Tampoco estaría tan mal, no se puede estar pendiente cada dos por tres de Orban y su influencia entre los vecinos, buscando discutir la Unión Europea.

Al fin y al cabo  la vecindad con el imperio del Norte, hoy un hegemón en dificultades, no es una potencia regional como metiera la pata Obama, es un imperio que trata de no continuar ninguneado por Occidente. No sabemos si China, en plena euforia centrípeta, ha perdonado la ignominia de los “Cien años de Humillación” (1840-1949), 150 años en realidad, de sometimiento a Europa por las exportaciones forzadas de Opio y las guerra homónimas, impulsadas por los británicos y con participación de franceses y neerlandeses, en la segunda.

Y, habrá que ver ahora cómo será el proceso de perdón de los rusos, por la soberbia de Estados Unidos de la mano del guaperas e inconsistente Bill Clinton que extendió la OTAN hasta las mismas fronteras rusas, por asegurar la defensa de las antiguas repúblicas exsoviéticas. En Rusia se interpreta como intimidación. Viene a colación el caso de Tucídides el historiador, y estratega (general), que mando fortificar Atenas lo que despertó la suspicacia de Esparta que entendió que  la ciudad se preparaba para la guerra. La guerra del Peloponeso fue inevitable.

La era de los buenos sentimientos morales de Estados Unidos, respecto su misión evangelizadora de democracia liberal neoliberal, se terminó cuando Europa empezó a competir en economía. Como ya se sabe, detrás de  las ayudas filantrópicas estaba el imperio económico impulsado con la posguerra, que quiso, y consiguió, quedarse con los países que iban descolonizándose, en las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado. Las democracias exportadas de los ochenta y noventa, ha terminado y vuelven a sus tradicionales dictaduras, herencia de independencias realizadas por intereses oscuros al servicios de los británicos que vendieron a buen recio el apoyo a las nuevas repúblicas. Vuelve la política del tablero de ajedrez, de lo posible y de los equilibrios, que ha sido la tónica de la geopolítica europea en la edad moderna. Y retornan las autocracias a la carta. La no interferencia en asuntos internos, estabilizando las políticas de bloques, a costa de países secuestrados por sus oligarquías.

En este nuevo reparto geoestratégico, la Unión Europea se enfrenta a la dejación de Estados Unidos como garante de la seguridad de Europa y su guerra existencial con China. La OTAN ya no responde a las necesidades fundacionales de la defensa europea, cuando se enfrentaba a una Unión Soviética que necesitada conservar sus satélites europeos y financiaba las independencias coloniales del tercer mundo en sus luchas para separarse de sus metrópolis, especialmente británica y francesa.

Hoy a España, la OTAN no nos sirve porque nuestra línea de defensa está en Marruecos y el Sahel. Ambos territorios quedan fuera de los compromisos del Tratado Atlántico. En cualquier momento, cuando Estados Unidos prefiera las facilidades de Marruecos, la base de Rota puede trasladarse a la otra orilla y, este cambio de alianza, Trump ya dio los pasos en su primer mandato reconociendo la soberanía marroquí sobre el Sahara y forzando las relaciones diplomáticas con Israel, dejaría vía libre a una “marcha verde” sobre Ceuta y Melilla. Probablemente será inevitable. Entonces, ¿dónde quedan nuestros intereses?

Se trata de forzar un nuevo statu quo de largo recorrido con China. Una base de avituallamiento de China en Canarias tendría todo el sentido.

Ya es hora de que España coja el toro por los cuernos y defienda la comunidad hispana en Estados Unidos y se solidarice y se ponga del lado del gobernador de California y de políticos que se oponen a las deportaciones y que se  enfrentan a la tiranía de Trump.

Necesariamente hay que considerar que las bases americanas  en España, lo están por razones de Estados Unidos no por hacer un favor a España. En cualquier momento la geoestratégica norteamericana elegirá Marruecos, menos conflictivo, y entonces veremos la verdadera debilidad de nuestra frontera sur.

Cabe recordar que unas de las argumentaciones poderosas, cuando España dudaba de entrar en la OTAN, fue la amenaza de propiciar la independencia de Canarias

La alternativa evidente es el acercamiento a China, no solo porque es el nuevo hegemón que marca el ritmo del futuro sino, también, porque es el único competidor que Estados Unidos teme y, ya se sabe, si se quiere ser respetado hay que ser temido.

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